La Universidad de Santiago de Chile quedó como la tercera mejor universidad de Chile y la segunda mejor universidad pública evaluada en el QS World University Rankings 2027. Es una buena noticia, y conviene decirlo sin rodeos. Pero un ranking, por diseño, mide reputación antes que impacto, y vale la pena detenerse un momento en esa diferencia antes de darle demasiado peso al resultado.
El componente individual más determinante del QS sigue siendo el índice de reputación académica, que pesa un 30% del puntaje final y se construye a partir de una encuesta a más de 80 mil académicos en el mundo, a quienes se les pregunta, esencialmente, qué universidades admiran. Le sigue en peso el indicador de citas por facultad, cerca de un 20%, y la reputación entre empleadores, construida sobre encuestas a más de 40 mil de ellos. Desde 2023, QS incorporó además sostenibilidad, empleabilidad y redes internacionales de investigación, en parte para corregir el sesgo hacia universidades angloparlantes que arrastraba la metodología anterior. Es, en conjunto, un instrumento sofisticado para medir prestigio, percepción y conectividad académica internacional. No es, ni pretende ser, un instrumento para medir si el conocimiento que produce una universidad efectivamente llega a alguna parte.
Lo que el ranking no mide
Esa distinción no es menor para una universidad pública. Se puede subir en reputación académica (publicando más, siendo mejor citado, siendo mejor conocido entre pares) sin que eso implique un solo nuevo proceso transferido a una empresa, una sola política pública mejor informada o una sola patente adicional. Son trayectorias que pueden moverse en paralelo y, en la práctica chilena, muchas veces lo hacen: llevamos años subiendo lentamente en ese tipo de mediciones mientras seguimos, como país, bajo las 400 solicitudes de patentes de origen nacional al año.
El ranking como palanca, no como meta
Dicho esto, el resultado de este año sí es un activo, y sería un error no usarlo. El pasado 16 de junio mencioné en El Mercurio mi visión sobre los resultados del Ranking QS y que la Usach ha fortalecido sostenidamente sus redes de colaboración internacional, incrementando la participación en proyectos, publicaciones y alianzas. Tener una posición más alta en reputación académica facilita colaboraciones internacionales, atrae mejores postulantes a los programas de doctorado y abre puertas para financiamiento externo que, bien orientado, puede efectivamente traducirse en investigación con impacto: en proyectos como el desarrollo de un nanosatélite o en líneas de biotecnología y ciencia de datos que ya está impulsando la Universidad. El ranking es una llave, no una meta.
Por eso, la pregunta que me parece más productiva no es cómo mantenernos en esta posición el próximo año, sino qué haremos, desde la investigación, con la visibilidad que ya tenemos. La Ley de Transferencia Tecnológica recién despachada por el Congreso ofrece, por primera vez en años, un marco concreto para intentarlo. La reputación abre la puerta; a nosotros nos corresponde decidir qué hacemos una vez que estamos adentro.
Por Andrea Mahn Osses, Vicerrectora de Investigación, Innovación y Creación, Usach.
Nota de El Mercurio sobre la Universidad de Santiago